La entrevista del domingo
Oriol Bohigas: "La Sagrada Família es una vergüenza mundial"
O "sin Barcelona no existiría ni Catalunya, ni el catalán, ni el
catalanismo, ni nada"; una conversación con el arquitecto que contribuyó
a poner en el mapa a la capital catalana en 1992
Cultura | 19/07/2015 - 02:25h
| LA VANGUARDIA 19/07/2015 - 16:35h
Oriol Bohigas, el arquitecto olímpico Xavier Cervera
En el estudio de MBM Arquitectes se adivinan viejas carpetas de
proyectos quizá nunca olvidados. Los socios más jóvenes debaten en
corrillo las nuevas propuestas. Y la luz lo inunda todo. Es un espacio
amplio sin apenas paredes. El lugar de trabajo al que acude “casi cada
día” y desde hace décadas
Oriol Bohigas (Barcelona, 1925).
El arquitecto, que colecciona ‘grapadoras’, escuelas, viviendas, e
incluso un barrio, que creció de la mano de la Barcelona socialista y se
formó en la franquista, es, todavía hoy, en la ciudad de la nueva
alcaldesa Ada Colau, una de esas voces que hablan con el peso que otorga
la experiencia.
Me recibe sentado, vestido con un traje de
camisa y pantalón semejante al mono azul de los albañiles. Bohigas, el
‘artesano’ de la Barcelona olímpica, cuenta con 90 y pico años, pelo
canoso y mirada cansada. Acumula premios y condecoraciones. Nos atiende
detrás de un ordenado escritorio en el que abundan los contratos, con un
corcho convertido en calendario pegado a la pared de su derecha, bajo
unos techos muy altos, y con un enorme ventanal a su izquierda desde el
que se observa el turismo que inunda la barcelonesa plaza Reial.
Se me acaban las manos a la hora de contar los años que ha sido vecino de Barcelona. En
todo este tiempo la ciudad ha cambiado, y usted ha evolucionado en
paralelo a ella. Quizá a uno le dan ganas de decir ‘¡Qué buenos tiempos
aquellos!’, sobre todo con la crisis actual.No soy ni tan
optimista ni tan pesimista. Hay una crisis evidente, una crisis que no
se resolverá con vendajes y pomadas supletorias, porque es una crisis
profunda de sistema. Es un problema de estructura económica, que tiene
que cambiar y que está cambiando, dejando naturalmente algunas víctimas
por el camino. Pero además creo otra cosa: las crisis son muy positivas,
porque habitualmente, con cualquier crisis de cualquier tipo –de
mentalidad económica, de estética, de filosofía, de creencias
sobrenaturales…–, esto hace que se revise y se replantee todo en
términos muy distintos.
De hecho los cambios no sólo
han sido a nivel ‘macroeconómico’, pues, si nos vamos al detalle y a un
caso concreto como puede ser el de Barcelona, también los ha habido que
tienen cara: por ejemplo, con la elección de la nueva alcaldesa, Ada
Colau. ¿Esto qué indica, que Barcelona se adapta a este momento de
cambio?No sólo pienso que se adapta, sino que es un activo
positivo en la transformación. La manera de concebir el urbanismo, la
presencia de las nuevas visiones filosóficas sobre la ciudad, etc., son
unos temas en los cuales Barcelona ha sido muy activa.
“Ha sido”… Habla en pasado. ¿También lo es en el presente y se espera en el futuro?Se
espera… Estamos en una complicada revolución de la sociedad barcelonesa
y es muy difícil saber qué es lo que va a pasar. Pero estoy seguro de
que lo que vaya a pasar no será un paso puramente de bailarín sino de
cambio radical.
Mirando su propia trayectoria vemos
pasar la historia de la Barcelona del siglo XX. De todos los cambios que
ha habido, ¿cuál es el que destacaría más?Lo más
importante que le ha pasado a Barcelona es la transformación de la
ciudad que dejó el régimen de Franco, una Barcelona arruinada, sin
ninguna perspectiva ideológica y sin ninguna participación humana ni
percepción de ninguna nueva tendencia organizativa o política…
Gris.…
A lo que hoy es Barcelona. Hay una distancia brutal. Yo creo que si
recordamos cómo era la Barcelona que nos dejó Franco, queda todavía más
claro que las sucesivas transformaciones de la ciudad han tenido
resultados claramente positivos.
Cogiendo el hilo de la
nueva alcaldesa, ¿se puede entender la llegada de Ada Colau a la
alcaldía de Barcelona como el símbolo del final de una etapa que viene
desde la transición, de una Barcelona que sobre todo ha estado teñida de
rojo socialista y por un corto periodo del azul de Xavier Trias? Y si
es así, ¿vivimos un cambio hacia qué?Todo lo que representa
Ada Colau, con todo el movimiento de los –cómo diría…– ‘preocupados por
la realidad urbana a través del conocimiento de la ciudadanía’, es no
sólo muy interesante sino inevitable y eficaz. Es la línea que se verá
en los próximos años y, como siempre, los cambios implican periodos
largos. De momento lo que es evidente es que hace años no veíamos ni
siquiera cuál sería la salida de la reforma política desde la izquierda,
y ahora creo que se ven unas perspectivas que pueden fracasar, que
pueden tener sus problemas e incongruencias, incluso de falta de éxito
final, pero que en este momento van a dar ya una renovación suficiente.
Aunque es muy difícil hacer transformaciones tan radicales sin una gran
experiencia de manejo político de gran alcance.
¿Es más ilusionante que factible?No,
es ilusionante y factible, pero la gente que ha pasado por la
administración y sabe lo complicado que es ésta se queda un poco
sorprendida de que se puedan plantear tantas modificaciones sin una
experiencia política. En estos momentos las declaraciones de la
alcaldesa son todas muy interesantes, desde perspectivas muy positivas, y
con una tendencia a transformar las cosas en el mejor sentido. Pero
siempre encuentras además una deficiencia de experiencia, como en la
delimitación de la participación en los Juegos Olímpicos del Pirineo.
Todo esto con una minoría tan pequeña, de once concejales. No sé si es
posible gobernar Barcelona con esta minoría y con esta radicalidad tan
exclusiva. Aunque creo que la alcaldesa es una persona inteligente y con
buena voluntad y puede que, al revés, estas dificultades sean
precisamente sus motivos de éxito en la transformación del Gobierno
barcelonés.
Colau en un primer momento rechazó el
“modelo Barcelona”, aunque en los últimos días ha matizado que no lo
rechaza sino que le faltan retoques. ¿Es posible cambiar un modelo con
décadas de trayectoria?Lo que pasa es que no veo muy claro
qué quiere decir “modelo Barcelona”. En Barcelona se ha seguido un
modelo que ha resultado exitoso: no hacer urbanismo por elucubraciones
teóricas y estadísticas, sino hacerlo por realizaciones proyectuales y
actuantes en el ámbito urbano de la ciudad. Esto es un método que ha
adoptado prácticamente toda Europa, y es muy difícil que salgamos de
este modelo. Por tanto, no creo que el problema sea si el “modelo
Barcelona” falla o no falla. Una política urbana no puede ser nunca un
modelo, porque la realidad urbanística de una ciudad es diferente una de
otra y tan característica con su historia, con sus elementos actuales
de uso y procesos económicos, que no se puede hablar de un modelo. Se
puede hablar de maneras de hacer determinadas gestiones que yo creo que
sirven incluso cuando hay cambios fundamentales. Lo interesante es que
esto que llaman el “modelo Barcelona”, en cuanto a actividad urbana,
pueda ser el mismo con las mismas o con distintas influencias, no
cambiando el modelo sino cambiando unos pequeños métodos sobre la manera
de hacer el urbanismo.
Una palabra que se ha
pronunciado mucho en los últimos tiempos es ‘no’: no a una ciudad
volcada al turismo, no a una ciudad en la que proliferan los hoteles por
todas partes… ¿Pero cuál es la alternativa?Te has referido
a una visión de Barcelona que es la que prácticamente tiene casi todo
el mundo: Barcelona vive a expensas de las grandes operaciones
inmobiliarias, es decir, del congreso del teléfono móvil, de la Fórmula
1, de la construcción de hoteles en los centros de gran potencial
urbanístico… Esto es lo que da el tono de inversión económica en la
ciudad y sin el cual no funciona. Si no existiera un sistema claro de
inversión económica, dentro del cual destaca el turismo, lo que no
existiría es Barcelona. En Barcelona, dentro de la pobreza generada en
la que nos movemos, los elementos de posible igualdad económica han sido
siempre una abierta y firmemente afirmada preocupación. Y claro, hay
que ir con cuidado. Una ciudad no puede seguir adelante en sus procesos
de orden social, económico, cultural, etc., sin tener un empuje
económico global. Barcelona necesita seguir siendo una de las ciudades
en primera o segunda línea de creación de cultura, de riqueza, y te
diría que de pensamiento. No se puede decir que es una ciudad que a
partir de ahora sólo construirá hospitales para la seguridad social o
instrumentos para mejorar la situación –todavía débil– de muchas clases
sociales. Estamos todos de acuerdo en que la función principal de un
gobierno democrático y de izquierdas es que la gente tenga que gozar de
condiciones y de oportunidades y que las siga teniendo a lo largo de la
vida, y para hacer esto posible hay que dedicarse a hacer elementos al
servicio de la sociedad.
Una vez afirmó que daba la
bienvenida al turismo joven, con chancletas, traje de baño, e incluso
sin camiseta. ¿Lo sigue pensando hoy aunque cuando lo dijo, y de eso ya
hace años, creó polémica? Lo que yo dije o quise decir o
interpretaba es que me parece que no funciona que un partido de
izquierdas diga que para arreglar el problema de la incomodidad del
turismo tenemos que favorecer el turismo de ricos y apartar al turismo
pobre. Esto está bien que lo diga la extrema derecha, que es lo que ha
hecho y está haciendo en todo el mundo. Nunca me he opuesto al turismo
de chancleta y camiseta, sino que hay que reconocer que el turismo de
alta calidad no se determina por la chancleta o por la indumentaria que
se viste sino por los objetos que le preocupan como finalidad del viaje.
Es decir, si todos los turistas visitaran el Museu Nacional d’Art de
Catalunya, la interpretación del componente turístico sería
completamente distinta.
El museo más visitado es el del FC Barcelona.Esto
sí que es un problema de organizar el turismo. Es decir, yo creo que lo
que es muy difícil de lograr es que Barcelona se convierta en una
ciudad de veraneo de los ricos. Estas ciudades ya están fijadas en el
mapa. Hay una estructura incluso geográfica alrededor de Barcelona que
facilita la recepción del turismo barato, porque Barcelona ni tiene la
cultura de un país como Grecia o como Italia, ni tiene la transmisión de
grandes objetos u objetivos históricos. No es Roma, no es París, no es
Londres, no es Berlín. Es lo que es, y es difícil transformar esta
ciudad en una ciudad que abarque todas las posibilidades que tienen
estas otras.
Barcelona es la gran metrópoli de la zona
occidental del Mediterráneo. Era una ciudad industrial en el siglo XX,
pero sobrevivió al momento en que la industria dejó de tener la
importancia que tenía y se tornó en una ciudad de servicios. Ahora
vivimos un nuevo cambio. ¿Puede morir de éxito?No creo que
haya alcanzado su punto culminante. Todavía puede haber muchas
posibilidades. Y desde luego que se puede morir en la utilización del
término, pero nunca de éxito. Hay siempre posibilidades de
reutilización, de replanteo. La ciudad no muere ni siquiera como promesa
de evolución futura. Creo efectivamente que lo del turismo es un
problema y que la única manera de mejorarlo es cambiando los objetivos
de las visitas turísticas. Lo que se debería ofrecer a los turistas es
una visión cultural de la ciudad, que no quiere decir exclusivamente que
haya ópera buena, o conciertos de música clásica, o muchos campeonatos
de fútbol, sino que en la misma realidad de Barcelona y su región, sin
modificar su realidad, se intente comunicar alguna realidad actual no
sólo cultural sino sobre todo social. Por ejemplo, creo que se ha
insistido poco en el enorme valor de la industrialización de Barcelona.
Por esto me parece tan importante que se tomen medidas claras sobre las
consecuencias que puede tener la independencia. Y quien dice Barcelona
dice Catalunya, porque en cuanto a decisión de los territorios las
ciudades en este tiempo son más importantes, de manera que cuando
decimos Catalunya queremos decir en realidad Barcelona.
Imagino que las personas del interior de Catalunya no opinarán lo mismo.Pues
se equivocan si no opinan lo mismo. Si Barcelona no existiera,
Catalunya ya haría tiempo que no existiría en el mapa, ni el catalán, ni
el catalanismo ni nada. Hoy en día las puntas de progreso y de cohesión
civil pasan a través de la encarnación de la realidad de una ciudad. No
hablamos tanto del progreso de Alemania como de algunas capitales
industriales alemanas, que son las que marcan una institución. De manera
que yo sigo hablando de Barcelona como elemento fundamental de
creación. Uno de los problemas que tiene el País Vasco es que no tiene
ninguna Barcelona, sino estaría situada donde le corresponde, que es en
un movimiento más de cultura urbana.
¿Cree que una Barcelona capital de una Catalunya independiente sería una ciudad diferente?Sería
una Barcelona mucho mejor. De entrada más rica. Aunque parezca ruin y
poco simpático, es la verdad que hay que contemplar. Gobernar un país
que tenga una renta per cápita de una cifra o que tenga el doble cuenta
evidentemente mucho. Por otro lado, tienes más libertad para generar los
cambios culturales y económicos necesarios, y sin estos cambios no
aparece ningún cambio fundamental en la estructura urbana.
La
esencia de la Barcelona actual también es el haber crecido a una
distancia ‘prudente’ de la capital, alejada, por decirlo así, de aquello
que también conlleva ser la capital de un estado, como es el caso de
Madrid, Washington, etc. Es decir, de las formalidades, la burocracia,
etc. Sí, esto es verdad. Y también podríamos ampliar este
análisis con el estudio de mil cosas positivas creadas como consecuencia
de los defectos. Si Barcelona hubiera sido la capital de una Catalunya
totalmente independiente desde el siglo XVI ó XVII, sería muy distinta.
Incluso físicamente. Habría por lo menos un palacio para cada ministerio
que en este momento no existe. En eso, evidentemente, hay una
diferencia brutal entre ser capital o no ser capital, y por esto creo
que el no haber tenido prácticamente una representación de capital en
los últimos siglos ha sido un problema evidente en su vitalidad.
Pese
a ello, en China veo a Shanghái más innovadora que la formal Pekín, o a
Nueva York respecto a Washington. Y no son los únicos ejemplos.Es
otra consideración que se puede hacer. Por ejemplo, hay una discusión
sobre qué futuro tiene el área metropolitana, y yo creo que tiene dos
futuros muy claros y que se deberá escoger entre uno u otro. Uno es el
de continuar con la forma del actual área metropolitana de Barcelona: un
área influida por Barcelona, por las bases urbanas y ciudadanas de
Barcelona, que se extiende suburbialmente a una gran extensión de 30 ó
40 municipios pero en la que siempre está la presencia de Barcelona como
cabeza de una transformación de un área próxima que siempre actúa como
suburbio. El área metropolitana tal y como funciona ahora, o tal y como
no funcionó, es un área suburbializada en la que la realidad urbana de
Barcelona no alcanza, no llega. Barcelona se acaba en los límites de
L’Hospitalet, y en L’Hospitalet ya no encuentras ninguna representación
de capitalidad ni de urbanidad colectiva.
Al estilo de París.Claro,
esto es así. El área metropolitana se está tratando como un suburbio
mal terminado de Barcelona cuando en realidad habría que tratar a todo
el área metropolitana más Barcelona como una única ciudad.
Lo
que dice es revolucionario, y recuerda a la expansión que tuvo
Barcelona a finales del siglo XIX con la anexión de otros municipios.Que fue la salvación de Barcelona.
Al
hablar de anexión, y vista la geografía, ¿se refiere a integrar lo que
es el Baix Llobregat en Barcelona? Es decir, la zona metropolitana
cercana al aeropuerto, un continuo urbano actual pero… Sí. Y
más cosas. Yo soy partidario de establecer un continuo urbano desde la
visión de capitalidad completa. De entender el futuro del área
metropolitana no como el área metropolitana de Barcelona sino como
Barcelona área metropolitana.
Un segundo Eixample, dicho de forma llana.Sí.
Lo malo es que ya hemos llegado tarde y el mal que ha hecho la
urbanización disgregada de estos últimos años, o más que en los últimos
años en los últimos decenios, es difícil de superar.
Uno
suele pensar que detrás de las grandes obras al final siempre queda el
ciudadano, que es el primero al que le afectan y el primero que las vive
–o el primero que las sufre. Un buen ejemplo de las grandes obras es
Diagonal Mar. En su día un proyecto, una innovación, una visión de
futuro que parece que llegó para no quedarse. ¿Es el tiempo de pensar en
minúsculas y no en mayúsculas como lo son los edificios y las zonas
urbanas de Diagonal Mar?En este momento hay una
interpretación excesiva, en general, de la posición de lo minúsculo,
muchas veces sin más justificación que la de pensar que preocupándose y
haciendo las cosas pequeñas se resuelven las cosas grandes que afectan
también a la población pequeña –y me gustaría decirlo sin ofender a
nadie de la opinión pública. Hay una manera muy simple de apreciar y
clasificar los problemas. Una frase que estos días se dice bastante es:
mientras falte una cama en un hospital no podemos pensar en la
inauguración de un nuevo museo. Yo no estoy de acuerdo con esta
afirmación, aunque me parece muy bien que un político la maneje porque
lo que esto exige es que el museo esté bien hecho. Es importante que no
se renuncie al museo, pero que el museo tenga una inclinación hacia un
tipo de servicio que en este momento seguramente no tiene.
¿Es posible combinarlo a pesar de que, como hemos dicho, los recursos escasean y quizá se trate más de elegir que no de decidir?En
los países de una cierta potencia económica ha sido posible, y es
bastante posible. Funciona bastante bien en Francia, Alemania o
Inglaterra, y también en España funciona maravillosamente bien comparado
con cómo funcionaba hace escasamente 30 años. Tan solo hay que ver en
España la capacidad para organizar los servicios sociales, que se ha
demostrado bastante positiva. Es decir, yo creo que es posible regular o
pensar y equilibrar los esfuerzos para que los que no son de urgencia
sanitaria sean también entendidos como esfuerzos de culturización
general del país. Esto es lo que me parece que este ayuntamiento actual
de Barcelona tendría que tener en cuenta. Hay elementos espirituales,
diríamos, o de apariencia y realidad cultural, que no se pueden
despreciar y que están en las necesidades reales de un lugar de
convivencia.
¿Y cree que ello está en manos de la nueva alcaldesa?Hacer
programas con la seguridad de que sean realizables es muy difícil, y en
un momento de cambio como este, todavía más. Yo sí esperaba que en la
toma de posesión la alcaldesa diera alguna señal de prioridades de
inversión que en este momento no se han dado muy claras, pero la excuso
porque seguramente es muy complicado dar direcciones muy precisas a
estas alturas. Aunque desde su primera entrada, fuerte, con criterios
radicales, a la situación actual, veo un poco más de tendencia a meditar
más las negaciones rotundas y a plantear estudios. Cuando se ve que no
hay dinero para dar los servicios necesarios, es un tema bastante
importante como para platearse todo un programa político a partir de
ello. Si no hay dinero para hacer un hospital, tampoco lo habrá para
hacer una biblioteca. Pero yo lo haría al revés: un programa que
explicara cómo con los medios que tenemos podemos realizar una obra
global importante. Y Barcelona, como capital de un país independiente,
tendría muchos más recursos económicos que los que tiene ahora, porque
el primer problema es el dinero, el problema de la deficiencia.
Entiendo
que descarta la alternativa que algunos estamentos plantean de no
escoger un extremo u otro sino la vía de en medio, la Barcelona capital
de un estado catalán integrado en España. Un deseo que durante épocas
fue sobre todo catalán. Me acuerdo ahora de Maragall, de Pi i Margall…
Incluso como impulso no sólo para Barcelona sino también para España.La
relación España-Catalunya ya no es posible. Todo esto que dices estaría
estupendo, y es lo que hemos pensado toda la vida. Yo no he pensado
seriamente en la independencia hasta hace relativamente poco, porque en
realidad, lo que hemos estado pensando todos durante muchos años es que
España todavía podía escucharnos y podía hacer un cambio de visión
política, que no es sólo un cambio de leyes sino un cambio de actitud
respecto a lo que representa el apoyo económico de la industria
catalana.
¿Quizá, más allá de ser independiente, se ha
pasado de querer ‘incrustarse‘ no tanto en el ámbito peninsular como en
el continental?Yo también lo veo así, entre otras cosas
varias. Una vez escribí un artículo en el que intentaba clarificar muy
bien estos términos. Decía: ‘No es que quiera ser independiente, es que
no quiero ser español’. Yo, si fuese francés, no sería independentista.
Visto el jacobinismo reinante en Francia, entonces quizá tampoco existiera el catalán.No,
el catalán hubiera desaparecido. Pero, claro, para desaparecer a manos
de unos castellanos yo prefiero no desaparecer. Es que no os podéis
imaginar lo que ha sido la persecución de Catalunya, una persecución que
se revela en aspectos prácticos y concretos: hundimiento de la
agricultura, hundimiento de la industria, prohibición de usar el
catalán. Son decisiones muy fuertes que no han ayudado nada. A la
burguesía catalana todos los gobiernos le han dado unas ciertas
prerrogativas porque piensan que a través de su flojedad neutra las
cosas irían… Es mentira. Yo creo que ya hemos estado probando muchos
años esta posibilidad, y yo por lo menos he llegado a la conclusión de
que es imposible que Catalunya se entienda con España si sigue siendo
una provincia española.
Para terminar, una pregunta
doble: ¿puede decirme un monumento, edificio o zona de Barcelona que
destacaría en positivo, y también su contrario, aquel que destacaría por
todas las fallas que reúne?Un monumento que me parece una
participación tremenda a la incultura de Barcelona es la Sagrada
Família. Es una vergüenza mundial, que vamos soportando. Van pasando las
distintas exigencias políticas de diferentes partidos y todas van
aceptando la realidad monstruosa de esta pertrechada del Templo de la
Sagrada Família.
¿Por qué lo define como tal?Porque
es un disparate. No hace falta demostrarlo. Es una evidencia. Tenemos
un templo tan especial como este y con un proyecto tan interesante como
el de Gaudí, y luego en la realización, sin ningún plano y con
desconocimiento de qué quiere decir la arquitectura... Porque no se
conservó ningún plano de Gaudí, solamente reproducciones pequeñas en
libros teóricos sobre él y la Sagrada Família. Por otro lado hay razones
de ciudad: la construcción en un siglo de un edificio al estilo de otro
siglo o de otros siglos, es una barbaridad cultural evidente. Hubo
algunos que en el siglo XVII todavía construían iglesias góticas en
Barcelona. Sí, claro, pero con disparates o curiosidades arqueológicas
no se puede defender. En la Sagrada Família se hace un despilfarro de
errores y de cambios estilísticos que es una barbaridad en una muestra
de innovación tan importante como es la arquitectura de Gaudí, en
general tan bien representada en otros monumentos.
¿Y a la hora de destacar en positivo?En
general, la salida al mar que se encarna en toda la obra olímpica de
Barcelona: la villa, el nuevo puerto y la conexión con las avenidas de
la ciudad. A mí me parece un conjunto muy válido. Lo que ha dejado a
Barcelona los Juegos Olímpicos es seguramente de las mejores cosas que
han dejado los Juegos en sus ciudades, cuando ha habido villas olímpicas
lejos del centro que luego han tardado años en habitarse o terrenos que
no tenían conexión clara con la ciudad. El frente marítimo de Barcelona
es un hecho muy positivo.
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